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Tipos de lombrices intestinales en perros y cómo reconocerlas

Berta Molina

Berta Molina

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30 de julio de 2026

Microscopio muestra varios tipos de lombrices intestinales en perros, incluyendo huevos y larvas de parásitos.

Cuando un perro tiene diarrea, pierde peso o arrastra el trasero por el suelo, los parásitos intestinales son una de las posibilidades que conviene valorar. Conocer los tipos de lombrices intestinales en perros ayuda a entender cómo se contagian, qué señales producen y por qué no todos se tratan con el mismo antiparasitario.

Los parásitos no son todos iguales y el tratamiento depende de cuál esté presente

  • Ascáridos como Toxocara canis son especialmente frecuentes en cachorros.
  • Anquilostomas pueden provocar anemia y debilidad, sobre todo en perros jóvenes.
  • Tricocéfalos suelen causar diarrea persistente y a veces sangre en las heces.
  • Tenias se relacionan con pulgas, presas o carne cruda, según la especie.
  • La prevención combina análisis, desparasitación adaptada y retirada rápida de las heces.
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Los principales gusanos que pueden vivir en el intestino del perro

En veterinaria se habla sobre todo de nematodos, que son gusanos cilíndricos, y cestodos, conocidos popularmente como tenias. También existen otros parásitos intestinales menos habituales, pero esta clasificación permite orientarse sin mezclar organismos que tienen ciclos y tratamientos diferentes.

Ascáridos o gusanos redondos

Los más conocidos son Toxocara canis y Toxascaris leonina. Viven principalmente en el intestino delgado y son especialmente importantes en cachorros. Toxocara canis puede transmitirse de la madre a los cachorros durante la gestación o la lactancia, por lo que un cachorro puede infectarse incluso antes de salir de casa.

Una infestación leve puede pasar desapercibida, pero cuando la carga parasitaria es alta aparecen barriga abultada, crecimiento deficiente, vómitos, diarrea o pelo apagado. Los huevos de Toxocara también tienen importancia zoonósica, ya que pueden causar toxocariasis en personas si se ingieren accidentalmente desde tierra o superficies contaminadas.

Anquilostomas

Los anquilostomas, como Ancylostoma caninum y Uncinaria stenocephala, son pequeños, pero pueden causar problemas serios porque se fijan a la mucosa intestinal y algunos se alimentan de sangre. El contagio puede producirse al ingerir larvas, por contacto con suelo contaminado y, en ciertos casos, a través de la leche de la madre.

La señal que más me preocupa en un cachorro es la combinación de apatía, encías pálidas, debilidad y heces muy oscuras. Puede indicar anemia, una complicación que requiere atención veterinaria rápida y no debe tratarse con un producto elegido al azar.

Tricocéfalos o gusanos látigo

Trichuris vulpis vive en el intestino grueso. Sus huevos tardan aproximadamente 4 a 8 semanas en volverse infectantes en el ambiente, pero después pueden persistir durante mucho tiempo. Por eso, un jardín o una zona de tierra contaminada puede mantener el problema aunque el perro ya haya recibido tratamiento.

Las infestaciones importantes provocan diarrea recurrente, pérdida de peso, moco y, en ocasiones, sangre fresca en las heces. Un detalle importante es que la eliminación de huevos puede ser intermitente, de modo que un único análisis negativo no siempre descarta la infección.

Tenias o cestodos

Las tenias tienen el cuerpo segmentado y entre las especies que afectan a los perros se encuentran Dipylidium caninum, varias especies de Taenia y, en determinadas zonas o circunstancias, especies de Echinococcus. Dipylidium se adquiere normalmente al tragar una pulga infectada durante el acicalamiento.

Los segmentos de Dipylidium pueden parecer granos de arroz alrededor del ano o sobre las heces recién expulsadas. En cambio, las tenias del género Taenia suelen relacionarse con la ingestión de conejos, roedores u otras presas. Por eso, desparasitar al perro sin controlar las pulgas o impedir que cace puede acabar en reinfecciones.

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Otros parásitos que no conviene confundir

Strongyloides stercoralis es otro nematodo que puede causar diarrea, sobre todo en cachorros o animales debilitados. Además, Giardia no es una lombriz, sino un protozoo microscópico, aunque suele aparecer en las búsquedas sobre parásitos intestinales y puede producir diarrea maloliente o intermitente.

Los trematodos intestinales son menos habituales en muchos perros domésticos y suelen depender de la zona geográfica, el consumo de hospedadores concretos o los viajes. Si el perro ha comido pescado crudo, presas o ha viajado al extranjero, conviene contárselo al veterinario porque ese dato puede cambiar las pruebas necesarias.

Cómo se contagian y qué perros tienen más riesgo

El contagio no ocurre siempre de la misma forma. Algunos gusanos se transmiten al ingerir huevos presentes en tierra, parques o superficies contaminadas, mientras que otros necesitan una pulga, una presa o el contacto con larvas del ambiente.

Parásito Vía habitual de contagio Situaciones que aumentan el riesgo
Toxocara canis Placenta, leche, huevos del ambiente o hospedadores de transporte Cachorros, parques, tierra y zonas con muchas heces
Ancylostoma y Uncinaria Ingestión o penetración de larvas; también leche en algunos casos Suelo húmedo, camadas y alojamientos colectivos
Trichuris vulpis Ingestión de huevos embrionados Patios o jardines contaminados durante semanas
Dipylidium caninum Ingestión de una pulga infectada Infestaciones de pulgas o falta de control ambiental
Taenia Ingestión de presas o vísceras infectadas Caza, acceso a conejos y alimentación cruda sin control sanitario

Un perro que vive en un piso y sale con correa no tiene el mismo riesgo que uno que caza, come vísceras crudas o convive con muchos animales. También pesan la edad, la zona de residencia, los viajes y la presencia de niños pequeños o personas inmunodeprimidas en casa.

Mi criterio es no utilizar una frecuencia idéntica para todos los animales. El plan debe partir del estilo de vida real del perro, porque una pauta razonable para un adulto urbano puede quedarse corta para un cachorro que vive en una finca.

Qué síntomas pueden alertar de una infestación

Los gusanos intestinales no siempre producen señales visibles. Muchos perros adultos mantienen un aspecto normal durante semanas, así que ver al animal sano no descarta la presencia de parásitos.

  • Diarrea persistente o que aparece de forma intermitente.
  • Vómitos, náuseas o abdomen distendido.
  • Pérdida de peso o dificultad para crecer.
  • Pelo áspero, cansancio o menor apetito.
  • Palidez de las encías y debilidad, especialmente con anquilostomas.
  • Sangre o moco en las heces.
  • Segmentos parecidos a granos de arroz alrededor del ano.
  • Arrastrar el trasero por el suelo, aunque este signo también puede deberse a problemas en las glándulas anales.

En cachorros, la combinación de diarrea, barriga hinchada y bajo aumento de peso merece una revisión sin esperar demasiado. En un adulto, una diarrea que dura más de 24 o 48 horas, sangre en las heces, vómitos repetidos o decaimiento justifican consultar antes, sobre todo si no bebe o parece deshidratado.

Cómo se diagnostican y se tratan correctamente

La prueba más habitual es un examen coprológico, en el que se estudia una muestra de heces para buscar huevos, larvas o formas parasitarias. Dependiendo del caso, el veterinario puede añadir una prueba de antígenos, PCR o análisis específicos para Giardia.

Para mejorar la fiabilidad, puede ser útil llevar muestras recogidas en días diferentes, especialmente cuando se sospechan tricocéfalos o la eliminación de huevos es irregular. En el caso de Dipylidium, el examen rutinario puede no detectar bien los huevos, por lo que observar segmentos alrededor del ano aporta una pista muy valiosa.

El tratamiento depende de la especie, la edad, el peso y el estado de salud del perro. Entre los principios activos utilizados en veterinaria se encuentran fenbendazol, pirantel, milbemicina, moxidectina y praziquantel, pero no todos sirven para todos los gusanos ni se administran con la misma pauta.

No recomiendo dar un antiparasitario sobrante de otra ocasión ni calcular la dosis “a ojo”. Algunos productos cubren nematodos, otros cestodos y algunos combinan varias coberturas. El Manual MSD recuerda además que ciertos tratamientos solo eliminan los parásitos adultos, por lo que pueden ser necesarias repeticiones o una revisión posterior.

Si hay anemia, deshidratación, una infestación intensa o un cachorro muy pequeño, el tratamiento puede necesitar medidas de soporte, como fluidoterapia, control de la sangre o suplementos específicos. La urgencia no la marca solo el nombre del gusano, sino la respuesta del animal.

Prevención práctica para perros en España

Las recomendaciones de ESCCAP adaptan la desparasitación al riesgo individual. Cuando ese riesgo no puede valorarse bien, se plantea realizar controles o desparasitar al menos cuatro veces al año; en hogares con niños, colectividades o animales con exposición elevada, el veterinario puede recomendar una pauta mensual.

Eso no significa que todos los perros necesiten automáticamente el mismo producto cada mes. Un plan preventivo sensato combina revisión veterinaria, análisis cuando proceda, control de pulgas y medidas higiénicas.

  • Recoger las heces inmediatamente en casa, calles y zonas comunes.
  • Lavar las manos después de manipular excrementos y antes de preparar alimentos.
  • Evitar que el perro coma roedores, conejos, vísceras o restos encontrados en el campo.
  • No ofrecer carne cruda sin un plan de alimentación y control sanitario bien establecido.
  • Mantener un programa eficaz contra las pulgas si el perro tiene acceso al exterior.
  • Lavar camas y mantas si existe una infestación, además de tratar al animal.
  • Extremar la higiene en hogares con niños pequeños, embarazadas o personas inmunodeprimidas.

La retirada rápida de las heces marca una diferencia real, porque reduce la contaminación del entorno. Los huevos de algunos parásitos pueden permanecer durante mucho tiempo en el suelo, así que limpiar solo cuando se ve un gusano no es suficiente.

La pista más útil no siempre está en la diarrea

Un gusano visible, una pulga, una encía pálida o un cachorro que no crece pueden orientar mucho, pero ninguno de estos signos identifica por sí solo la especie. La forma más segura de actuar es combinar observación, análisis y una pauta elegida por el veterinario.

Si tuviera que resumirlo en una sola idea, sería esta: no hay una única “desparasitación para lombrices”. Hay parásitos distintos, vías de contagio distintas y perros con niveles de exposición muy diferentes. Controlar las heces, las pulgas y el acceso a presas reduce gran parte del riesgo y protege tanto al animal como a las personas que conviven con él.

Este artículo tiene un carácter exclusivamente informativo y educativo. El material se ha elaborado con el apoyo de modernas herramientas analíticas y lingüísticas (IA). Antes de tomar una decisión, consulte a un experto.

Preguntas frecuentes

Los ascáridos son frecuentes en cachorros y pueden causar barriga abultada y bajo crecimiento. Los anquilostomas pueden provocar anemia, los tricocéfalos suelen causar diarrea persistente y las tenias pueden aparecer como segmentos parecidos a granos de arroz alrededor del ano.

La apatía, las encías pálidas, la debilidad y las heces muy oscuras pueden indicar anemia por anquilostomas y requieren atención veterinaria rápida. También conviene revisar pronto a un cachorro con diarrea, barriga hinchada o dificultad para ganar peso.

No siempre. Los tricocéfalos pueden eliminar huevos de forma intermitente, por lo que pueden ser útiles muestras recogidas en días diferentes. En Dipylidium, observar segmentos alrededor del ano también aporta información porque el examen rutinario puede no detectar bien sus huevos.

La pauta depende de la edad, la zona, los viajes y la exposición a pulgas, presas o muchos animales. Cuando el riesgo no puede valorarse bien, ESCCAP plantea controles o desparasitación al menos cuatro veces al año; en hogares con niños, colectividades o alta exposición, el veterinario puede recomendar una pauta mensual.
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Autor Berta Molina
Berta Molina
Hola, me llamo Berta Molina y tengo 8 años de experiencia en el mundo de los perros, especialmente en lo que respecta a su salud, entrenamiento y cuidado. Desde pequeña, he sentido una conexión especial con los animales, lo que me llevó a estudiar y profundizar en las distintas razas de perros y sus necesidades específicas. Me apasiona ayudar a los propietarios a entender mejor a sus compañeros caninos, ya sea a través de consejos prácticos sobre entrenamiento o información sobre cómo mantener su salud en óptimas condiciones. En mis escritos, me enfoco en proporcionar información clara y accesible, siempre respaldada por fuentes confiables. Me gusta comparar diferentes enfoques y tendencias en el cuidado de los perros, simplificando temas complejos para que sean comprensibles para todos. Mi compromiso es ofrecer contenido útil, preciso y actualizado que ayude a mis lectores a disfrutar de una relación más armoniosa con sus mascotas.
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