Cuando un perro deja de comer, vomita y adopta una postura encorvada, no siempre se trata de una simple gastroenteritis. La peritonitis en perros es una inflamación grave del revestimiento interno del abdomen que puede avanzar con rapidez; aquí explico sus causas, señales de alarma, pruebas habituales, tratamiento y qué hacer mientras se llega a la clínica.
La rapidez de la atención puede cambiar el pronóstico
- Es una urgencia veterinaria, especialmente si hay dolor abdominal, vómitos, debilidad o abdomen hinchado.
- Las causas más frecuentes incluyen perforaciones intestinales, cuerpos extraños, traumatismos, cirugías y piómetra.
- El diagnóstico combina exploración, análisis de sangre, radiografías, ecografía y, a veces, análisis del líquido abdominal.
- El tratamiento suele requerir estabilización intensiva, antibióticos y cirugía para corregir el origen.
- No des medicamentos humanos ni esperes a que el perro mejore por sí solo.

Qué es y por qué requiere atención urgente
El peritoneo es una membrana fina que recubre la cavidad abdominal y parte de sus órganos. Cuando se inflama, el problema puede quedarse localizado o extenderse por todo el abdomen. También puede ser , cuando intervienen bacterias, o no séptico, por ejemplo si la irritación procede de bilis, orina o contenido digestivo.
La mayoría de los casos relevantes son secundarios a otra enfermedad o lesión. Si el intestino o el estómago se perforan, el contenido digestivo pasa al abdomen y puede desencadenar una infección generalizada, alteraciones de la coagulación, hipotensión y shock. Por eso no la considero una dolencia para observar tranquilamente en casa.
La gravedad depende de la causa, el tiempo transcurrido, la extensión de la inflamación y el estado general del animal. Un perro joven puede empeorar en pocas horas, mientras que otro con una inflamación localizada puede mostrar signos más discretos al principio.
Las causas más habituales detrás de la inflamación
La perforación del aparato digestivo es una de las situaciones más peligrosas. Puede producirse por la ingestión de huesos, juguetes, palos, anzuelos, telas o hilos, por una obstrucción que dañe la pared intestinal o por úlceras y tumores. Que el perro haya expulsado el objeto no garantiza que el daño interno haya desaparecido.
También puede aparecer tras un atropello, una caída o una mordedura profunda, aunque la piel parezca poco afectada. El golpe puede lesionar el hígado, el intestino, la vejiga o el bazo sin dejar una herida externa evidente.
Entre las causas médicas se encuentran la torsión-dilatación gástrica, la pancreatitis grave, la rotura de la vesícula biliar, ciertas enfermedades hepáticas y la piómetra complicada, una infección del útero que afecta a hembras no esterilizadas. Las complicaciones de una cirugía abdominal también deben valorarse, sobre todo si el animal empeora después de una intervención.
Existen casos primarios en los que no se encuentra una lesión clara o la infección llega por otra vía, pero son menos frecuentes. En la práctica, identificar el origen es tan importante como controlar la inflamación, porque los antibióticos por sí solos no reparan un intestino perforado ni eliminan un tejido muerto.
Qué síntomas deben hacerte salir hacia urgencias
El cuadro puede comenzar con apatía y pérdida de apetito, signos que por sí solos son poco específicos. Me preocupa especialmente cuando aparecen junto con dolor abdominal, vómitos repetidos o debilidad progresiva.
- Abdomen hinchado, duro o doloroso al tocarlo.
- Postura encorvada o posición de “rezo”, con el pecho apoyado y la parte trasera elevada.
- Vómitos, arcadas o incapacidad para retener agua.
- Fiebre, respiración rápida, jadeo intenso o temblores.
- Encías pálidas, grises o muy secas.
- Ausencia de heces, diarrea con sangre o esfuerzo sin conseguir defecar.
- Desmayo, confusión, extremidades frías o una debilidad que impide caminar.
No es necesario que aparezcan todos los signos. Además, un perro en shock puede no tener fiebre y mostrar una temperatura normal o incluso baja. La combinación de dolor, vómitos y decaimiento tras comer un objeto, sufrir un golpe o pasar por una cirugía merece una valoración inmediata.
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Qué hacer durante el traslado
Llama a una clínica de urgencias y explica los síntomas, la hora de comienzo y cualquier posible ingestión, golpe o cirugía reciente. Mientras recibes instrucciones, mantén al perro tranquilo y abrigado, evita que salte y no presiones ni masajees el abdomen.
No le des ibuprofeno, paracetamol, aspirina ni otros medicamentos humanos. Tampoco provoques el vómito. Si existe la posibilidad de una operación, es prudente no ofrecer comida y preguntar a la clínica si debe beber, porque la indicación depende de su estado y del tiempo hasta la atención.
Cómo se confirma el diagnóstico en la clínica
Los síntomas orientan, pero no bastan para confirmar el problema. Una gastroenteritis, una pancreatitis, una obstrucción intestinal o una torsión gástrica pueden parecerse al principio. El veterinario valorará el dolor, la hidratación, el color de las mucosas, la temperatura, el pulso y la presión arterial.| Prueba | Qué puede aportar |
|---|---|
| Análisis de sangre | Detecta deshidratación, inflamación, alteraciones de electrolitos, anemia y señales de afectación orgánica. |
| Radiografías | Pueden mostrar gas anormal, cuerpos extraños, dilatación, líquido o cambios compatibles con obstrucción. |
| Ecografía abdominal | Ayuda a localizar líquido, lesiones intestinales, alteraciones del útero, hígado, páncreas o vesícula. |
| Abdominocentesis | Permite extraer líquido del abdomen para analizar células, bacterias y características compatibles con infección. |
| Cirugía exploratoria | Puede ser necesaria cuando hay una perforación, tejido desvitalizado o una fuente de contaminación que debe corregirse. |
La ecografía es muy útil, pero una imagen poco llamativa no siempre descarta una fase temprana. Por eso el veterinario interpreta los resultados junto con la evolución clínica. En cuadros graves, esperar a tener una prueba perfecta puede retrasar una intervención que el animal necesita.
Tratamiento y posibilidades de recuperación
El primer objetivo es estabilizar al perro. Esto suele incluir suero intravenoso, control del dolor, corrección de electrolitos, oxígeno si hace falta y vigilancia de la presión arterial. Cuando hay infección, se administran antibióticos adecuados y se controla el riesgo de sepsis.
Después hay que resolver la causa. Si existe una perforación, un cuerpo extraño, tejido muerto, una piómetra rota o una fuga después de una cirugía, suele ser necesaria una intervención para reparar o retirar el tejido afectado y lavar la cavidad abdominal. En algunos casos se coloca un drenaje temporal y se mantiene al animal hospitalizado.
La alimentación también forma parte del tratamiento. Algunos perros necesitan apoyo nutricional mediante una sonda si no comen durante varios días. La recuperación no termina al salir del quirófano: hay que vigilar la herida, el apetito, los vómitos, las heces, la distensión abdominal y el nivel de energía.
El pronóstico es reservado y no puede calcularse solo con el nombre de la enfermedad. El Manual de veterinaria de Merck señala una mortalidad aproximada del 50 % al 70 % en perros afectados, aunque las probabilidades cambian mucho según la causa, la rapidez del tratamiento y la presencia de shock. Una perforación detectada pronto no tiene el mismo pronóstico que una infección extendida con fallo orgánico.
Cómo reducir riesgos y evitar recaídas
La prevención empieza por controlar el entorno. Conviene mantener fuera de su alcance juguetes que pueda romper, huesos cocidos, basura, agujas, hilos y objetos pequeños. En perros que comen con ansiedad, los comederos lentos y la supervisión durante el juego pueden reducir algunos accidentes, aunque no eliminan por completo el riesgo.
La esterilización evita la piómetra en las hembras esterilizadas, pero no protege frente a las demás causas. También es importante seguir exactamente las instrucciones después de una cirugía abdominal y acudir a revisión si el perro empeora, deja de comer o presenta dolor nuevo.
Un error frecuente es esperar a que aparezca sangre en las heces o que el abdomen aumente mucho de tamaño. La inflamación puede ser seria antes de que esos signos sean visibles. Mi regla práctica es sencilla: dolor abdominal asociado a vómitos o decaimiento requiere llamar al veterinario el mismo día, y si hay colapso, encías pálidas o respiración anormal, hay que acudir directamente a urgencias.
La señal que no conviene interpretar como una simple indigestión
Un perro con molestias digestivas leves suele mejorar progresivamente, pero la combinación de dolor, vómitos persistentes, abdomen tenso y apatía apunta a un problema que necesita exploración. No hay un tratamiento casero capaz de descartar una perforación o una infección abdominal.
Actuar pronto no garantiza un desenlace favorable, pero sí ofrece al equipo veterinario más margen para estabilizar al animal y corregir la causa antes de que aparezca un shock séptico. Ante la duda, una llamada a urgencias y una revisión temprana son decisiones mucho más seguras que esperar a ver si mañana está mejor.