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Torsión gástrica en perros - señales y qué hacer

Berta Molina

Berta Molina

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7 de mayo de 2026

Un perro golden retriever descansa mientras una mano acaricia su lomo, sobre el cual se ilumina un diagrama del estómago, alertando sobre la torsión gástrica en perros.
Un perro que intenta vomitar y no expulsa nada, babea, está inquieto o empieza a tener el abdomen duro puede estar ante una urgencia que no admite espera. La torsión de estómago en perros, también llamada síndrome de dilatación-vólvulo gástrico, puede avanzar muy rápido y comprometer la circulación. Aquí explico cómo reconocerla, qué hacer durante el traslado, qué perros tienen más riesgo y qué medidas pueden reducir la probabilidad de que ocurra.

Reconocer las señales y actuar rápido puede marcar la diferencia

  • Es una urgencia veterinaria: no conviene observar la evolución en casa.
  • Arcadas sin vómito, abdomen distendido e inquietud son señales especialmente preocupantes.
  • La dilatación puede transformarse en un giro del estómago que bloquea el riego sanguíneo.
  • El tratamiento suele requerir estabilización, descompresión y cirugía.
  • Dar varias comidas pequeñas, controlar la velocidad al comer y valorar una gastropexia preventiva puede ayudar en perros de riesgo.

Qué ocurre cuando el estómago se dilata y se gira

El problema suele empezar con una acumulación rápida de gas, líquido o alimento dentro del estómago. Después, el órgano puede girar sobre su propio eje y cerrar tanto la entrada como la salida. Esta combinación se conoce como dilatación-vólvulo gástrico o GDV.

El giro aumenta la presión dentro del abdomen y puede comprimir vasos sanguíneos, el diafragma y otros órganos. Por eso aparecen dificultad para respirar, debilidad, alteraciones del ritmo cardíaco y finalmente shock circulatorio. La situación puede empeorar en pocas horas, incluso cuando al principio el perro parece simplemente incómodo.

Una distensión abdominal no siempre significa que exista torsión. Puede haber una dilatación sin giro, pero en casa no es posible diferenciarlas con seguridad. Mi criterio es sencillo: si hay signos compatibles, se trata como una emergencia hasta que un veterinario descarte el cuadro mediante exploración y radiografías.

Los signos que no deben confundirse con una indigestión

La primera señal puede ser una conducta extraña. El perro se levanta, cambia de postura, camina sin encontrar una posición cómoda o mira repetidamente hacia el abdomen. Poco después pueden aparecer arcadas, salivación abundante y respiración rápida.

  • Arcadas repetidas sin expulsar vómito, a veces con espuma.
  • Abdomen hinchado, tenso o doloroso.
  • Inquietud intensa, jadeo o incapacidad para tumbarse.
  • Encías pálidas, grisáceas o muy secas.
  • Debilidad, tambaleo, respiración dificultosa o colapso.
  • Intentos de vomitar acompañados de babeo y ansiedad.

El abdomen no siempre se ve claramente redondo, sobre todo en perros con mucho pelo o con una conformación corporal estrecha. Tampoco todos los animales muestran todos los signos. Una arcada improductiva repetida después de comer me parece motivo suficiente para llamar a un centro veterinario de urgencias, aunque el vientre todavía no parezca muy aumentado.

Qué hacer durante la emergencia

Llama al veterinario de urgencias y sal hacia la clínica inmediatamente. Explica que sospechas una posible dilatación-torsión gástrica para que puedan preparar la recepción. Si tu veterinario habitual no atiende emergencias, pregunta por el hospital veterinario abierto más cercano.
  1. Retira la comida y no le ofrezcas agua.
  2. Mantén al perro tranquilo y evita que corra o salte.
  3. Trasládalo con ayuda si está débil o no puede caminar.
  4. Lleva la información sobre la última comida, la cantidad ingerida y la hora en que comenzaron los signos.
  5. No administres medicamentos, aceite, bicarbonato ni remedios caseros.

No intentes provocar el vómito ni masajees el abdomen. Tampoco esperes a comprobar si “se le pasa” después de dormir. El tiempo que se pierde en casa puede influir en el estado de los tejidos y en la posibilidad de una recuperación estable.

Qué perros tienen más riesgo

La torsión puede aparecer en cualquier perro, pero es más frecuente en animales grandes o gigantes con pecho profundo y estrecho. Entre las razas predispuestas se encuentran el Gran Danés, Pastor Alemán, Braco de Weimar, San Bernardo, Setter irlandés, Dóberman, Caniche estándar y Basset Hound.

El riesgo también aumenta con la edad, los antecedentes familiares y algunos hábitos de alimentación. Comer con mucha rapidez, recibir una única comida muy abundante, hacer ejercicio intenso alrededor de las comidas o vivir situaciones de estrés pueden contribuir al problema, aunque ningún factor aislado permite predecirlo con certeza.

Los teckels no están entre las razas clásicamente más expuestas por su tórax profundo, pero eso no significa riesgo cero. En un perro pequeño también hay que actuar rápido ante arcadas improductivas, dolor abdominal, decaimiento repentino o hinchazón.

Situación Qué significa para el propietario
Perro grande o de pecho profundo Conviene conocer de antemano el hospital veterinario de urgencias.
Come con ansiedad Puede ser útil repartir la ración y utilizar un comedero lento.
Familiar directo con antecedentes Hay que hablar con el veterinario sobre el riesgo individual y la gastropexia.
Signos súbitos después de comer No se debe esperar a confirmar si se trata de una simple indigestión.

Cómo se diagnostica y se trata

En la clínica, el equipo valorará el pulso, las mucosas, la respiración, la presión arterial y el estado general. Las radiografías abdominales suelen ayudar a distinguir una simple dilatación de un estómago girado. También pueden realizarse análisis para conocer el grado de deshidratación, alteración de órganos y riesgo de complicaciones.

El primer objetivo es estabilizar al perro con fluidoterapia, analgesia y oxígeno cuando sea necesario. Después se intenta liberar el gas mediante una sonda o una punción controlada. Estas medidas alivian la presión, pero no corrigen por sí solas el giro.

Cuando existe vólvulo, normalmente se necesita cirugía para colocar el estómago en su posición, revisar si hay tejido dañado y fijarlo a la pared abdominal. Esta fijación recibe el nombre de gastropexia y reduce mucho el riesgo de que vuelva a girarse, aunque no elimina por completo la posibilidad de una nueva dilatación.

La recuperación puede incluir hospitalización, control del ritmo cardíaco, medicación para el dolor y una reintroducción progresiva de alimento. El pronóstico depende de cuánto tiempo haya pasado, del estado circulatorio y de si el estómago o el bazo han sufrido lesiones.

Medidas de prevención que sí tienen sentido

No existe una forma de prevenir todos los casos, pero sí se pueden reducir varios factores de riesgo. En casa recomiendo dividir la ración diaria en dos o tres comidas pequeñas, especialmente si el perro come con mucha voracidad.

  • Usa un comedero antivoracidad si engulle la comida.
  • Evita una comida muy abundante de una sola vez.
  • Procura que descanse alrededor de las comidas y limita el ejercicio intenso durante una o dos horas, según la indicación veterinaria.
  • No permitas que beba grandes cantidades de agua de golpe justo después de una actividad intensa.
  • Reduce situaciones de ansiedad y competencia entre perros durante la alimentación.
  • Controla el peso y revisa cualquier cambio persistente en el apetito o la digestión.

Estas medidas son razonables, pero no deben presentarse como una garantía. Incluso un perro bien alimentado puede desarrollar el problema. En razas de alto riesgo, o cuando existe un familiar directo afectado, merece la pena comentar la gastropexia preventiva con un cirujano veterinario. Puede realizarse en algunos casos junto con otra cirugía programada, aunque la decisión depende de la edad, la anatomía y la salud general del animal.

La decisión que conviene tener preparada antes de una urgencia

La mejor preparación no consiste en memorizar una lista interminable, sino en reconocer tres señales: arcadas sin vómito, abdomen distendido e inquietud repentina. Si aparecen juntas o progresan rápidamente, hay que actuar como si fuera una torsión hasta recibir atención profesional.

Guarda el teléfono de un hospital veterinario 24 horas, planifica cómo transportarías a tu perro y pregunta en su próxima revisión si sus características aumentan el riesgo. En una emergencia así, tener decidido el centro al que acudir puede ahorrar minutos que resultan decisivos.

Este artículo tiene un carácter exclusivamente informativo y educativo. El material se ha elaborado con el apoyo de modernas herramientas analíticas y lingüísticas (IA). Antes de tomar una decisión, consulte a un experto.

Preguntas frecuentes

Las más preocupantes son las arcadas repetidas sin expulsar vómito, el babeo, la inquietud intensa y el abdomen hinchado, tenso o doloroso. También pueden aparecer jadeo, encías pálidas, debilidad, dificultad para respirar o colapso. No es necesario que estén presentes todos los signos para acudir a urgencias.

Llama a un veterinario de urgencias y traslada al perro inmediatamente, informando de la posible dilatación-torsión gástrica. Retira la comida, no le ofrezcas agua, evita que corra o salte y ayúdalo a moverse si está débil. No provoques el vómito, no masajees el abdomen y no administres medicamentos ni remedios caseros.

El riesgo es mayor en perros grandes o gigantes con pecho profundo y estrecho, como el Gran Danés, Pastor Alemán, Braco de Weimar, San Bernardo, Setter irlandés, Dóberman, Caniche estándar y Basset Hound. También influyen la edad, los antecedentes familiares, comer muy rápido, ingerir una comida abundante, el ejercicio intenso alrededor de las comidas y el estrés. Aun así, cualquier perro puede verse afectado.

El equipo veterinario evalúa el estado circulatorio y suele realizar radiografías abdominales para distinguir una dilatación de un estómago girado. El tratamiento incluye estabilización con fluidos, analgesia y oxígeno cuando hace falta, además de descompresión mediante una sonda o punción controlada. Si existe vólvulo, normalmente se necesita cirugía para recolocar el estómago, retirar tejido dañado si procede y realizar una gastropexia.
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Autor Berta Molina
Berta Molina
Hola, me llamo Berta Molina y tengo 8 años de experiencia en el mundo de los perros, especialmente en lo que respecta a su salud, entrenamiento y cuidado. Desde pequeña, he sentido una conexión especial con los animales, lo que me llevó a estudiar y profundizar en las distintas razas de perros y sus necesidades específicas. Me apasiona ayudar a los propietarios a entender mejor a sus compañeros caninos, ya sea a través de consejos prácticos sobre entrenamiento o información sobre cómo mantener su salud en óptimas condiciones. En mis escritos, me enfoco en proporcionar información clara y accesible, siempre respaldada por fuentes confiables. Me gusta comparar diferentes enfoques y tendencias en el cuidado de los perros, simplificando temas complejos para que sean comprensibles para todos. Mi compromiso es ofrecer contenido útil, preciso y actualizado que ayude a mis lectores a disfrutar de una relación más armoniosa con sus mascotas.
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