Lo esencial para actuar sin perder tiempo
- Cronometra la crisis desde el primer movimiento anormal.
- No introduzcas nada en su boca ni intentes sujetarlo.
- Una convulsión de 5 minutos o más es una emergencia grave.
- Varias crisis en 24 horas requieren atención veterinaria inmediata.
- Después del episodio puede estar confuso, hambriento o desorientado.

Cómo reconocer una crisis epiléptica en un perro
La forma más llamativa es la crisis generalizada. El perro suele caer de lado, pierde la consciencia, estira o flexiona las extremidades con movimientos de pedaleo, puede salivar y perder el control de la orina o las heces. Por lo general dura **entre unos segundos y dos minutos**, aunque para quien lo presencia parece mucho más tiempo.
También existen crisis focales, menos evidentes. En ellas puede mover repetidamente un lado de la cara, chasquear la mandíbula, mirar fijamente, caminar en círculos o realizar movimientos extraños sin responder con normalidad. No todas las convulsiones son epilépticas, por eso conviene describir el episodio al veterinario en lugar de intentar diagnosticarlo en casa.
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Las tres fases que pueden aparecer
Antes de la crisis, algunos perros se muestran inquietos, buscan esconderse, tiemblan o reclaman atención. Durante el episodio pierden parte o toda la conexión con el entorno. Después llega la fase posictal, en la que pueden estar **desorientados, temporariamente ciegos, muy sedientos o agotados** durante minutos u horas.
Un desmayo, una alteración del equilibrio o un problema cardíaco pueden parecerse a una convulsión. Grabar el episodio desde una distancia segura, si es posible, ayuda mucho a distinguirlos. En mi opinión, un vídeo corto y el tiempo exacto aportan más información que una descripción basada únicamente en el miedo del momento.
Qué hacer mientras el perro está convulsionando
Lo primero es mantener la calma y despejar el espacio. Retira muebles pequeños, objetos duros, cuencos y cualquier cosa con la que pueda golpearse. Si está cerca de una escalera, una piscina o una zona elevada, protege el borde con cojines o una barrera, pero **no lo arrastres ni lo inmovilices** durante los espasmos.
- Empieza a contar el tiempo en cuanto notes la pérdida de control.
- Apaga la televisión, baja la luz y reduce los ruidos.
- Mantén las manos lejos de la boca y de la cabeza.
- Observa si respira y si la crisis va disminuyendo.
- Graba unos segundos solo si puedes hacerlo sin acercarte demasiado.
- Llama a tu clínica veterinaria si es la primera crisis o si tienes cualquier duda.
El perro no se está tragando la lengua y no necesita que le abras la boca. Meter los dedos, una cuchara o cualquier objeto puede provocar una mordedura involuntaria y lesiones en la boca. Tampoco conviene ofrecer agua, comida ni medicamentos por vía oral mientras no esté completamente consciente.
No eches agua fría sobre él ni intentes enfriarlo con hielo. Una crisis prolongada sí puede elevar la temperatura corporal, pero la prioridad es **controlar el episodio y recibir instrucciones veterinarias**, no improvisar tratamientos domésticos. Solo utiliza medicación de rescate, como diazepam o midazolam, si ha sido prescrita para ese perro y sabes exactamente cómo administrarla.
Cuándo una convulsión se convierte en una urgencia
Una crisis que supera los cinco minutos puede convertirse en un **estatus epiléptico**, una situación capaz de causar hipertermia, daño cerebral y otras complicaciones graves. No esperes a que llegue exactamente a ese límite para pedir ayuda. Si alcanza los tres minutos, llama a urgencias veterinarias mientras sigues cronometrando.
Acude de inmediato a una clínica si ocurre cualquiera de estas situaciones:
- La crisis dura 5 minutos o más.
- Se producen dos o más episodios en un periodo de 24 horas.
- El perro no recupera un nivel normal de consciencia entre una crisis y otra.
- Es la primera convulsión que ha tenido.
- Ha podido ingerir veneno, medicamentos, chocolate, xilitol u otra sustancia peligrosa.
- La convulsión aparece después de un golpe, un golpe de calor o una dificultad respiratoria.
- Es un cachorro muy pequeño, un perro diabético o un animal con una enfermedad conocida.
Una convulsión breve que termina sola no siempre exige salir corriendo a la clínica, pero sí merece una valoración veterinaria, sobre todo si es la primera. Mientras se recupera, déjalo en una habitación tranquila, lejos de escaleras y otros animales. Puede reaccionar con miedo o incluso intentar morder sin reconocer a su familia, así que **no lo abraces ni lo rodees** hasta que vuelva a orientarse.
Por qué puede ocurrir y cómo se busca la causa
La epilepsia idiopática es una posibilidad, pero se diagnostica cuando no se encuentra otra explicación. También pueden provocar convulsiones una bajada de glucosa, alteraciones de electrolitos, enfermedades del hígado o los riñones, intoxicaciones, infecciones, traumatismos y lesiones dentro del cerebro.
La edad de inicio orienta, aunque no permite sacar conclusiones por sí sola. Una crisis que aparece de repente en un perro mayor puede hacer que el veterinario investigue con más atención una enfermedad estructural, mientras que en otros perros puede tratarse de una epilepsia sin causa visible. **El aspecto de la convulsión no identifica por sí solo el origen**.
La consulta suele comenzar con una exploración neurológica y una historia detallada. El veterinario preguntará cuánto duró, qué estaba haciendo el animal antes, si recuperó la consciencia, qué medicamentos toma y si pudo acceder a tóxicos. Los análisis de sangre y orina permiten revisar glucosa, función hepática y renal, electrolitos y otros indicadores.
Cuando los resultados o la exploración lo aconsejan, pueden ser necesarias pruebas más avanzadas, como resonancia magnética o análisis del líquido cefalorraquídeo. No siempre hacen falta desde el primer día, pero sí son importantes cuando las crisis se repiten, aparecen otros signos neurológicos o el perro no encaja en el patrón habitual.
Tratamiento y cuidados para reducir nuevas crisis
No todos los perros necesitan medicación diaria después de una única convulsión. La decisión depende de la frecuencia, la intensidad, la presencia de crisis agrupadas, el estatus epiléptico, la causa y la evolución del animal. El tratamiento puede incluir fármacos como fenobarbital, imepitoína, levetiracetam o bromuro potásico, siempre bajo prescripción y con controles.
La medicación funciona mejor cuando se administra **a la misma hora todos los días**. No conviene suspenderla de golpe, cambiar la dosis ni compensar una toma olvidada sin consultar. Algunos tratamientos requieren análisis periódicos para comprobar que la concentración es útil y que el hígado u otros órganos la toleran bien.
En perros con crisis repetidas, el veterinario puede preparar un plan de rescate para casa. Ese plan debe indicar qué medicamento utilizar, por qué vía, en qué momento y cuándo salir hacia urgencias. Tenerlo escrito en la nevera y compartirlo con cualquier persona que cuide del perro evita decisiones apresuradas.
Llevar un diario resulta sorprendentemente útil. Anota la fecha, la hora, la duración, los movimientos observados, la recuperación y cualquier posible desencadenante. En algunos animales aparecen patrones relacionados con el sueño, el estrés o los cambios de rutina, aunque **no todos los episodios tienen un desencadenante identificable**.
Una alimentación equilibrada, horarios estables y un entorno seguro ayudan, pero no sustituyen al tratamiento. Desconfío especialmente de los suplementos y del aceite de CBD presentados como solución universal. Pueden interferir con medicamentos o retrasar un diagnóstico, así que cualquier producto debe comentarse antes con el veterinario.
Cómo convivir con un perro que ha tenido convulsiones
La primera crisis suele cambiar la forma en que observamos al perro. Es normal revisar cada respiración, pero vivir en alerta constante no ayuda ni al animal ni a la familia. Lo más práctico es preparar una pequeña ficha con el teléfono de la clínica, la medicación, el peso del perro y las instrucciones de emergencia.
Conviene informar a quienes pasean o cuidan del animal sobre tres reglas sencillas: **no tocarle la boca, cronometrar el episodio y pedir ayuda si se prolonga**. En un teckel o en cualquier perro pequeño, también merece la pena bloquear escaleras y retirar camas altas, porque una caída durante una crisis puede causar lesiones añadidas.
La epilepsia puede controlarse razonablemente en muchos perros, aunque el objetivo no siempre es conseguir cero episodios. El éxito consiste en reducir su frecuencia y gravedad, evitar emergencias y mantener una **buena calidad de vida** con el menor número posible de efectos secundarios.
Una respuesta preparada protege más que la improvisación
Si tu perro acaba de convulsionar, deja constancia de la hora y contacta con un veterinario, aunque parezca recuperado. Si la crisis dura varios minutos, se repite, no recupera la consciencia o existe sospecha de intoxicación, dirígete a urgencias sin esperar.
La mejor preparación es sencilla: espacio despejado, cronómetro a mano, teléfono de una clínica veterinaria y un plan escrito si ya existe diagnóstico. Actuar con calma no detiene todas las convulsiones, pero sí reduce accidentes y puede marcar una diferencia decisiva cuando cada minuto cuenta.