El spitz alemán puede ser un compañero pequeño y vivaz o un perro bastante más robusto de lo que su abundante pelo hace pensar. En este artículo explico sus variedades, temperamento, necesidades de ejercicio, mantenimiento del manto, problemas de salud habituales y los criterios que yo tendría en cuenta antes de elegir uno.
Una raza versátil que necesita algo más que cepillados
- Cinco variedades reconocidas, desde el Pomerania hasta el Spitz tipo lobo.
- Doble manto abundante que requiere cepillado regular, pero no rapado.
- Carácter atento y activo, con tendencia a ladrar si no se trabaja la calma.
- Educación temprana imprescindible para mejorar la convivencia y la sociabilidad.
- Salud preventiva especialmente importante en dientes, rótulas, ojos y control del peso.

Qué perro es realmente y qué tamaños existen
La raza procede de Alemania y pertenece al grupo de los perros tipo Spitz europeos. Su imagen más reconocible combina una cabeza con forma de zorro, orejas erguidas, cola llevada sobre el lomo y una capa externa recta con abundante subpelo, responsable de ese aspecto esponjoso.
El estándar oficial no describe un único tamaño, sino cinco variedades. Esta diferencia importa mucho porque las necesidades de un Pomerania no son idénticas a las de un Spitz tipo lobo, aunque compartan buena parte del temperamento y la estructura.
| Variedad | Altura aproximada a la cruz | Rasgo práctico |
|---|---|---|
| Spitz tipo lobo o Keeshond | 49 cm ± 6 cm | Más resistente y corpulento, adecuado para familias activas. |
| Spitz grande | 45 cm ± 5 cm | Menos frecuente, con presencia física y buena capacidad de vigilancia. |
| Spitz mediano | 35 cm ± 5 cm | Equilibrio interesante entre tamaño manejable y energía. |
| Spitz pequeño | 27 cm ± 3 cm | Compacto, despierto y muy pendiente de lo que ocurre alrededor. |
| Spitz enano o Pomerania | 21 cm ± 3 cm | Muy pequeño, pero no necesariamente tranquilo ni poco exigente. |
Las cifras son orientativas para perros adultos y el peso debe guardar relación con la talla, no con una cifra aislada. Yo desconfiaría de quien promete un cachorro “toy”, “miniatura extrema” o “teacup” como si fuera una variedad oficial, porque esa selección puede favorecer fragilidad ósea, problemas dentales y dificultades respiratorias.
Cinco variedades que no conviene mezclar
El Pomerania suele ser el más conocido en España, pero representa solo la variedad más pequeña. El Keeshond, por ejemplo, puede superar ampliamente los 40 centímetros y tiene un manto grisáceo con puntas negras, mientras que los ejemplares medianos y pequeños admiten más colores, como blanco, negro, marrón, naranja o gris sombreado.
La apariencia también puede confundir. Un perro de mayor tamaño no es automáticamente un Pomerania adulto grande, y un cachorro pequeño todavía puede crecer bastante durante su primer año. Para estimar la talla, revisaría el tamaño de ambos progenitores, el pedigrí cuando exista y la evolución del cachorro, nunca solo el peso de una semana concreta.
En mi opinión, la elección debería empezar por el estilo de vida y terminar por la estética. Las variedades más pequeñas son fáciles de transportar, pero pueden ser más delicadas ante caídas, juegos bruscos o errores de manejo; las grandes necesitan más espacio, fuerza física y tiempo de paseo.
Un compañero despierto, no un adorno
Estos perros suelen ser inteligentes, atentos y muy vinculados a su familia. Aprenden con rapidez cuando la enseñanza es clara, breve y positiva, pero también detectan pronto las incoherencias: si hoy se permite ladrar a la puerta y mañana se castiga, el problema normalmente empeora.
Su instinto de vigilancia explica buena parte de sus ladridos. No suele tratarse de agresividad, sino de una respuesta a ruidos, personas, perros o movimientos que considera relevantes. Para reducirla, yo trabajaría desde cachorro la exposición gradual a estímulos, la llamada a una zona tranquila y la recompensa de los momentos de silencio.
Puede convivir bien con niños, gatos y otros perros si la socialización está bien planteada. Aun así, un ejemplar enano no debería quedar sin supervisión con niños pequeños, porque una caída o un abrazo demasiado brusco puede causarle lesiones.
Cuánto ejercicio necesita
Como punto de partida, un adulto sano suele beneficiarse de 45 a 60 minutos diarios de actividad repartida, además de juegos de olfato y pequeñas sesiones de aprendizaje. Los ejemplares enanos pueden necesitar menos recorrido físico, pero no menos interacción mental.
Yo alternaría paseos tranquilos, exploración con la nariz, ejercicios de autocontrol y juegos de buscar comida. En cachorros conviene evitar saltos repetidos, carreras largas y escaleras excesivas hasta que el veterinario confirme que su desarrollo locomotor es adecuado.
Cuidados diarios para mantenerlo sano
El manto necesita constancia
El pelo doble no se mantiene bonito por sí solo. Un cepillado de dos o tres veces por semana suele ser un buen inicio, aumentando la frecuencia durante las mudas; si el subpelo se compacta, el cepillo deja de llegar a la piel y pueden aparecer nudos, humedad e irritación.
Conviene revisar especialmente detrás de las orejas, axilas, pantalones traseros, cuello y base de la cola. El baño puede hacerse aproximadamente cada cuatro u ocho semanas, siempre ajustándolo a la suciedad, la piel y el champú utilizado. No raparía el manto completo para combatir el calor, porque el pelo también ayuda a proteger la piel del sol y de los cambios de temperatura.
Dientes, uñas y alimentación
En los tamaños pequeños, la higiene dental merece una atención especial. Lo más eficaz suele ser acostumbrar al perro desde cachorro al cepillo y realizar controles veterinarios, ya que el sarro avanzado no se soluciona con snacks dentales.
Las uñas deben permitir una pisada cómoda sin tocar continuamente el suelo. La alimentación se debe calcular según edad, tamaño, actividad y condición corporal, no según lo que pida el perro. La silueta debe poder palparse con facilidad, pero sin que las costillas sobresalgan visiblemente.
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Calor y vida en España
El abundante subpelo no lo vuelve inmune al calor. En verano ofrecería paseos a primera hora o al anochecer, agua fresca, sombra y una superficie ventilada, evitando el ejercicio intenso cuando la temperatura sube.
Jadeo desproporcionado, debilidad, tambaleo, vómitos o encías muy alteradas requieren atención veterinaria inmediata. El tamaño reducido del Pomerania puede dar una falsa sensación de resistencia, pero un perro pequeño también puede sufrir un golpe de calor con rapidez.Salud, educación y elección responsable
La esperanza de vida suele situarse aproximadamente entre 13 y 16 años, aunque depende mucho de la variedad, la genética, el peso y la atención recibida. Entre los problemas que pueden aparecer están la luxación de rótula, alteraciones dentales, enfermedades oculares, problemas articulares y, en algunos ejemplares pequeños, dificultades relacionadas con la tráquea.
Esto no significa que todos los perros de la raza vayan a enfermar. Sí significa que antes de comprar un cachorro pediría información verificable sobre la salud de los progenitores, revisiones veterinarias, identificación, vacunación, desparasitación y condiciones de crianza.
Un criador responsable no debería entregar cachorros demasiado jóvenes ni centrar toda la conversación en el color o en una cabeza extremadamente redonda. La prioridad debe ser un perro funcional, con respiración normal, movimiento correcto y carácter estable.
La educación empieza en casa con rutinas sencillas. Premiar la calma, enseñar una llamada fiable, manipular patas y orejas, y practicar separaciones cortas ayuda mucho más que repetir órdenes durante media hora. El castigo físico o los collares utilizados para frenar ladridos pueden aumentar el miedo y deteriorar la relación.
La mejor elección se reconoce en la vida cotidiana
Antes de decidir, yo observaría tres cuestiones muy concretas. Primero, si puedo asumir el cepillado y la limpieza de pelo durante años; segundo, si tengo tiempo para paseos y trabajo mental; tercero, si acepto que un perro vigilante puede avisar con la voz ante cualquier ruido.
La raza encaja bien con personas que buscan un compañero cercano, activo y expresivo, siempre que no esperen un animal decorativo o completamente silencioso. Con socialización, límites coherentes y cuidados preventivos, sus virtudes pesan mucho más que las dificultades del manto y de su carácter alerta.
El tamaño puede cambiar la logística, pero no sustituye la responsabilidad. Elegir un ejemplar sano y equilibrado, mantenerlo en una condición corporal adecuada y pedir ayuda veterinaria o profesional ante las primeras señales de problema es lo que más influye en una convivencia larga y tranquila.