Una bolita roja en la esquina del ojo de un perro puede aparecer de repente y asustar mucho, aunque no siempre provoque dolor evidente. En la mayoría de los casos se trata del prolapso de la glándula del tercer párpado, conocido como ojo de cereza. Aquí explico cómo reconocerlo, qué hacer en casa, cuándo acudir al veterinario, cómo se trata y cuánto puede costar en España.
La prioridad es conservar la glándula y revisar el ojo cuanto antes
- Aspecto típico: una masa lisa, rosada o roja en la esquina interna del ojo.
- Causa habitual: debilidad de los tejidos que sujetan la glándula del tercer párpado.
- Tratamiento preferente: recolocar la glándula mediante cirugía, no extirparla.
- Riesgo de esperar: irritación crónica y ojo seco, que puede requerir medicación de por vida.
- Coste orientativo: entre 200 y 800 euros, según la clínica, la técnica y las pruebas incluidas.

Cómo reconocer el ojo de cereza en un perro
El signo más llamativo es una bolita redonda, lisa y rojiza que aparece en la esquina interna del ojo, junto a la nariz. Puede ser pequeña y verse solo de vez en cuando, o crecer hasta cubrir parte de la superficie ocular.
La masa corresponde a una glándula que normalmente permanece escondida bajo el tercer párpado. Esta estructura ayuda a proteger el ojo y reparte la lágrima por la córnea. De hecho, la glándula puede producir aproximadamente entre el 30 % y el 50 % de la parte acuosa de la lágrima, por lo que no es un tejido prescindible.
Además del bulto, pueden aparecer enrojecimiento, legañas, lagrimeo o irritación. Algunos perros se frotan la cara contra el suelo o mantienen el ojo entrecerrado, aunque otros siguen comportándose con normalidad. Que el animal no parezca dolorido no significa que convenga ignorarlo.
El aspecto no basta para confirmar el diagnóstico. Un veterinario debe descartar una conjuntivitis intensa, una lesión de la córnea, una alteración del cartílago del tercer párpado, un cuerpo extraño o, en casos poco frecuentes, una masa tumoral.
Por qué aparece y qué perros tienen más riesgo
La causa exacta no siempre puede demostrarse, pero se cree que existe una debilidad congénita o hereditaria en las fibras que mantienen la glándula en su sitio. Por eso suele aparecer en perros jóvenes, a menudo antes de los 2 años, y es más frecuente en determinadas razas.
Se observa con cierta frecuencia en Bulldog inglés y francés, Carlino, Boston Terrier, Beagle, Cocker Spaniel, Shih Tzu, Lhasa Apso, Pequinés y Mastines. También puede afectar a perros mestizos y a razas que no suelen asociarse con este problema.
La forma de la cabeza influye en algunos casos. Los perros braquicéfalos, con hocico corto y órbitas más superficiales, pueden tener una mayor predisposición, pero no existe una regla que permita predecirlo con seguridad. Tampoco es correcto asumir que aparece por falta de higiene o porque el perro se haya golpeado necesariamente.
Cuando afecta a un ojo, el otro también puede desarrollar el problema más adelante. Por eso, en la revisión conviene que el veterinario examine ambos terceros párpados, incluso si solo uno muestra la masa roja.
Qué hacer en cuanto aparece la masa roja
Mi recomendación es pedir una cita veterinaria lo antes posible, sin esperar varios días para comprobar si desaparece. A veces la inflamación baja temporalmente, pero la glándula suele seguir fuera de su posición y puede volver a prolapsarse con facilidad.
Mientras llega la consulta, puedes limpiar suavemente las secreciones con suero fisiológico estéril y una gasa limpia. Si el perro intenta rascarse, un collar isabelino puede evitar que se lesione la córnea o agrave la inflamación.
- No intentes empujar la glándula con los dedos.
- No la cortes ni la seques con productos caseros.
- No uses colirios humanos, antibióticos sobrantes ni gotas con corticoides sin receta.
- Evita que el perro corra entre polvo, hierba seca o arbustos hasta ser examinado.
Hay situaciones que justifican acudir a un servicio de urgencias, especialmente si existe dolor intenso, ojo cerrado, sangrado, secreción abundante, córnea blanquecina o azulada, pérdida aparente de visión, traumatismo o un aumento rápido del bulto. En esos casos puede no tratarse de un simple prolapso.
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Qué pruebas puede realizar el veterinario
La exploración suele comenzar observando el ojo y el tercer párpado. También puede hacerse el test de Schirmer, que mide la producción de lágrima, y una tinción con fluoresceína para comprobar si hay úlceras en la córnea.
Si el cartílago del tercer párpado está doblado o deformado, el veterinario deberá tenerlo en cuenta porque puede favorecer la recaída. En casos dudosos o complicados, puede recomendarse la valoración de un oftalmólogo veterinario.
Cuál es el tratamiento más seguro
La opción preferida es una cirugía que recoloca y fija la glándula en su posición natural. Una de las técnicas más utilizadas es la técnica del bolsillo o de Morgan, en la que se crea un pequeño receptáculo en el tejido conjuntival y se introduce la glándula dentro.
En otros pacientes se utiliza una técnica de anclaje. La elección depende de la anatomía del ojo, el tamaño de la glándula, el tiempo que lleva prolapsada y la experiencia del cirujano. Si existe una alteración del cartílago, puede ser necesario corregirla durante la misma intervención.
| Opción | Ventaja principal | Limitación |
|---|---|---|
| Recolocación quirúrgica | Conserva la función de la glándula y reduce el riesgo de ojo seco | Puede producirse una recaída y, en ocasiones, requiere una segunda cirugía |
| Extirpación de la glándula | Elimina la masa prolapsada | Aumenta mucho el riesgo de queratoconjuntivitis seca crónica |
| Gotas o pomadas | Calman la irritación mientras se organiza el tratamiento | No suelen corregir de forma definitiva la posición de la glándula |
La extirpación completa no debería plantearse como la solución sencilla por defecto. Al perder esta glándula, el perro puede desarrollar ojo seco crónico, una enfermedad incómoda que suele exigir lágrimas artificiales y otros medicamentos durante toda la vida. Solo se valora quitarla en situaciones excepcionales, como lesiones graves o tumores.
La intervención se realiza con anestesia y, en muchos casos, el perro vuelve a casa el mismo día. El objetivo no es únicamente mejorar el aspecto del ojo, sino mantener una producción de lágrima suficiente para proteger la córnea.
Recuperación, recaídas y coste aproximado en España
Después de la cirugía, el perro suele llevar un collar isabelino durante el periodo indicado por el veterinario. También puede necesitar colirios antiinflamatorios, antibióticos tópicos o analgésicos. El reposo suele mantenerse durante aproximadamente 7-10 días, aunque la duración cambia según la técnica y la evolución.
Las revisiones son importantes porque permiten comprobar que la glándula sigue en su sitio y que no hay una úlcera o una infección. Si el ojo se hincha mucho, aparece secreción amarilla, el perro no deja de frotarse o mantiene el párpado cerrado, hay que contactar de nuevo con la clínica.
El pronóstico suele ser bueno, pero ninguna técnica garantiza que no vuelva a ocurrir. Las cifras publicadas sitúan la recaída aproximadamente entre el 5 % y el 20 %, con variaciones según la raza, la técnica, la inflamación y la presencia de alteraciones del cartílago.
En España, el precio de una reposición unilateral puede encontrarse aproximadamente entre 200 y 800 euros. Las tarifas más bajas no siempre incluyen anestesia, pruebas preoperatorias, medicación, revisiones o una posible corrección del cartílago. Antes de aceptar, pediría un presupuesto desglosado y preguntaría específicamente qué ocurre si la glándula vuelve a prolapsarse.
La decisión que más protege la salud ocular del perro
El ojo de cereza suele ser llamativo, pero el problema importante está detrás de la bolita roja. La glándula participa en la película lagrimal y dejarla expuesta durante demasiado tiempo puede favorecer la irritación y el ojo seco.
Por eso, lo más sensato es proteger el ojo, evitar remedios caseros y buscar una valoración veterinaria temprana. Cuando la glándula puede conservarse y recolocarse correctamente, las posibilidades de mantener un ojo cómodo y funcional suelen ser muy buenas.