Las almohadillas de un perro deberían ser resistentes, pero no duras ni agrietadas. Cuando se vuelven ásperas, crecen en exceso o forman pequeñas costras de queratina, puede haber un problema de hiperqueratosis que merece una mirada clínica: a veces es un engrosamiento por roce, y otras es la pista de una enfermedad más amplia. Yo voy a explicarte cómo reconocerlo, qué lo provoca, cómo se diagnostica y qué cuidados sí ayudan de verdad.
Lo esencial para actuar antes de que aparezcan grietas
- El signo típico es una almohadilla más gruesa, seca y rugosa, a veces con grietas o sangrado.
- No todo es un simple callo: detrás puede haber leishmaniosis, moquillo, déficit de zinc, una enfermedad autoinmune o una forma hereditaria.
- Si hay dolor, cojera, mal olor, supuración o varias patas afectadas, yo pediría revisión veterinaria sin esperar.
- El tratamiento útil combina cuidado local y corrección de la causa de fondo.
- En casa ayudan la hidratación, la protección y evitar cortes o productos irritantes.
Qué ocurre realmente en la almohadilla
La hiperqueratosis es una producción excesiva de queratina, la proteína que forma la capa más externa de la piel. En la almohadilla se traduce en una superficie más gruesa, seca, rugosa y a veces con pequeños bordes duros o placas que parecen “escamas” compactas. Cuando el tejido pierde elasticidad, aparecen grietas, dolor al apoyar y, en los casos más molestos, cojera.
Yo suelo insistir en una idea: no todo engrosamiento es malo, pero tampoco conviene normalizarlo solo porque el perro siga caminando. Si la textura cambia de forma progresiva, la piel se abre o el animal evita apoyar, ya no hablo de estética sino de bienestar y de posible enfermedad de fondo. Con esa base, lo importante es entender por qué aparece y qué pistas me orientan a una causa local o sistémica.
Por qué aparece y qué suele haber detrás
Hay perros que desarrollan la lesión por presión y fricción repetidas, sobre todo en animales muy activos o en zonas de apoyo que reciben más carga. También existe una forma hereditaria en la que todas las almohadillas se engrosan desde edades tempranas; en otras ocasiones, la hiperqueratosis forma parte de una enfermedad general y la pata solo está mostrando el problema principal.
| Posible causa | Pista que me orienta | Qué implica |
|---|---|---|
| Roce o presión repetida | Lesión leve, localizada en puntos de apoyo, perro muy activo o con superficies duras | Puede parecer un callo, pero si progresa ya merece control |
| Forma hereditaria | Aparece joven, afecta a varias almohadillas y suele no haber otras lesiones cutáneas | Tiende a ser crónica y requiere mantenimiento |
| Leishmaniosis | En España me fija el ojo si hay adelgazamiento, uñas anómalas, pérdida de pigmento o lesiones en nariz y ojos | Necesita diagnóstico y tratamiento específicos |
| Moquillo canino | Puppy o perro no bien vacunado, con signos respiratorios, digestivos o neurológicos | Es una causa seria y no debe retrasarse la consulta |
| Déficit de zinc o trastorno nutricional | Costras, mala evolución y, a veces, perros jóvenes o razas predispuestas | Requiere analítica y ajuste del manejo |
| Enfermedad autoinmune o hepatocutaneous syndrome | Lesiones más amplias, mal estado general o signos sistémicos | El problema no está solo en la almohadilla |
En España, la leishmaniosis merece especial atención porque puede dar engrosamiento de almohadillas, cambios en las uñas, pérdida de pigmento y otros signos cutáneos. Si además veo adelgazamiento, apatía, ganglios aumentados o lesiones en nariz y ojos, yo pienso menos en un simple callo y más en un cuadro sistémico. A partir de ahí, conviene separar un simple engrosamiento por apoyo de una lesión que ya necesita revisión.

Cómo distinguirlo de un callo normal o de una grieta simple
Yo no me quedo solo con la apariencia. Me fijo en si el engrosamiento es uniforme, si duele al tocar, si hay sangrado y, sobre todo, si afecta a varias almohadillas o si aparece junto con nariz seca, uñas raras o cambios en el pelo. Esa combinación suele hablar más alto que la propia textura de la piel.
| Hallazgo | Qué suele sugerir | Cómo lo interpreto yo |
|---|---|---|
| Engrosamiento uniforme en zonas de apoyo | Callo por roce o presión | Puede ser benigno, pero conviene vigilar que no se agriete |
| Grietas, sangrado o dolor al caminar | Hiperqueratosis más avanzada o lesión secundaria | Ya no lo dejo en “sequedad” sin más |
| Solo una pata afectada | Trauma, cuerpo extraño, infección local | Pienso antes en un problema localizado |
| Todas las almohadillas, nariz o uñas alteradas | Causa hereditaria o enfermedad general | Me obliga a buscar el origen, no solo a hidratar |
| Mal olor, exudado o enrojecimiento | Pioderma o sobreinfección por levaduras | Hay que tratar la infección además de la queratina |
| Pérdida de peso, apatía o ganglios aumentados | Proceso sistémico | La almohadilla es una pista, no el problema completo |
Si la lesión no encaja con un callo banal, yo paso a la exploración veterinaria y a las pruebas. Eso ahorra tiempo y evita tratar como “sequedad” algo que en realidad necesita otro enfoque.
Qué pruebas pide el veterinario para no equivocarse
La consulta empieza por una exploración completa: cómo empezó, cuánto tarda en avanzar, si el perro viaja, si está vacunado, qué come y si también tiene lesiones en nariz, uñas, orejas o piel del cuerpo. Esa historia pesa más de lo que parece, porque una almohadilla aislada no se interpreta igual que un perro con signos generales.
Qué miro primero
En una primera visita suelo buscar tres cosas: si el engrosamiento es solo mecánico, si hay sobreinfección y si hay pistas de una enfermedad de base. La inspección visual, la palpación de la almohadilla y la revisión del resto de la piel me orientan bastante antes de pedir pruebas.
- Citología para buscar bacterias o levaduras.
- Raspados o cultivos si sospecho infección o parásitos.
- Análisis de sangre y, según el caso, pruebas específicas para leishmaniosis o déficit de zinc.
- Biopsia si necesito confirmar una enfermedad de queratinización o una causa inmune.
Cuándo la biopsia cambia el juego
La biopsia no siempre es el primer paso, pero sí la prueba que más me ayuda cuando el cuadro es crónico, atípico o no mejora con el tratamiento inicial. Si sospecho un proceso inmunomediado, una alteración de la queratinización o una forma familiar, prefiero no improvisar. Con eso claro, el tratamiento deja de ser adivinar y pasa a ser realmente útil.
Qué tratamiento tiene sentido y cuál solo maquilla el problema
El tratamiento correcto casi siempre tiene dos capas: controlar la piel y tratar la causa. Si solo ablando la queratina pero ignoro una infección, una leishmaniosis o una alteración nutricional, el problema vuelve. Y si solo ataco la causa pero dejo las grietas secas, el perro sigue con dolor y riesgo de infección.
Tratamiento local
En la parte local busco hidratar, ablandar y proteger. Los remojos cortos ayudan a suavizar la capa endurecida, y los bálsamos emolientes, que hidratan y devuelven flexibilidad, pueden marcar una diferencia real. Los queratolíticos, que ayudan a desprender el exceso de queratina, se usan mejor con criterio y no a ciegas.
- Remojos cortos para ablandar el exceso de queratina.
- Bálsamos emolientes y queratolíticos aplicados con regularidad.
- Desbridamiento cuidadoso por el veterinario, es decir, retirada controlada del exceso de tejido cuando se engancha o se abre.
- Antibióticos o antifúngicos si hay pioderma bacteriana o sobreinfección por levaduras.
- Analgesia si la almohadilla está dolorida o hay cojera.
Tratamiento del origen
Cuando la causa es leishmaniosis, un déficit de zinc, una enfermedad autoinmune o una forma hereditaria, el plan cambia bastante. En algunos casos el perro necesita medicación específica y seguimiento a largo plazo; en otros, el objetivo realista es mantener la almohadilla flexible, sin grietas y sin dolor, más que “curarla” para siempre. Si el origen se acierta, el pronóstico mejora mucho; si no, la lesión cronifica.
Con el origen claro, el tratamiento deja de ser adivinar y pasa a ser realmente útil.
Cuidados en casa que sí ayudan y errores que empeoran la lesión
Lo que sí ayuda
- Limpiar y secar bien las almohadillas tras paseos o lluvia.
- Aplicar un bálsamo veterinario a diario, y en piel muy seca 1 o 2 veces al día si así lo pauta el profesional.
- Proteger con botitas en asfalto caliente, nieve, sal o superficies muy abrasivas.
- Revisar cada 24 horas si hay grietas, sangre o mal olor.
- Mantener las uñas cortas para que no alteren la pisada.
- Usar collar isabelino de forma temporal si se lame sin parar.
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Lo que yo evitaría
- Cortar la queratina con tijeras o cuchillas en casa.
- Arrancar láminas endurecidas.
- Usar cremas humanas sin indicación, sobre todo si llevan corticoides, perfumes o activos irritantes.
- Desinfectar en exceso con alcohol o agua oxigenada, porque resecan y retrasan la recuperación.
En casa se puede aliviar mucho, pero también se puede empeorar con bastante facilidad. Si la piel está abierta o el perro se lame sin parar, yo priorizo la barrera física y la revisión veterinaria antes que seguir probando productos. Con el cuidado diario bien hecho, la almohadilla suele ganar elasticidad y el perro camina con más comodidad.
Lo que vigilo para evitar recaídas y no pasar por alto la causa real
Hay tres escenarios que yo no confundiría nunca. Si el perro vive o viaja por zonas con flebótomos y además tiene pérdida de peso, ganglios, uñas largas o lesiones en nariz y ojos, la leishmaniosis sube mucho en la lista. Si es un cachorro o un perro joven sin buena pauta vacunal y aparecen signos neurológicos, la hiperqueratosis puede formar parte de moquillo canino. Y si todas las almohadillas están afectadas desde edad temprana, con pocas o ninguna lesión en el resto del cuerpo, pienso antes en una forma hereditaria.
En zonas endémicas, la prevención antiparasitaria frente a flebótomos no corrige por sí sola la queratosis, pero sí reduce el riesgo de una de las causas que más me interesa descartar. Yo volvería a revisar al perro si en 2 a 4 semanas no mejora de forma clara, si las grietas reaparecen o si el apoyo empeora, porque ahí ya no estoy ante un simple problema de mantenimiento. Cuando el seguimiento es constante, la mayoría de los perros gana comodidad y estabilidad, que al final es lo que importa de verdad.